Mesas: Valorar a la iglesia

Los participantes rezan juntos después de que la mesa de cada país haya aportado un regalo a la mesa. Foto: Gwen Davies

Una de las caracterĂ­sticas del movimiento de las mesas es fomentar una mayor participaciĂ³n de la iglesia en la traducciĂ³n de la Biblia. A veces, para establecer buenas relaciones de trabajo es necesario superar la desconfianza y centrarse juntos en la misiĂ³n de Dios.

«La Sociedad BĂ­blica estĂ¡ acostumbrada a trabajar con la iglesia», dijo Paulo Teixeira, director de Relaciones Institucionales de la Sociedad BĂ­blica de Brasil y coordinador de la mesa de Brasil. «Por eso reconozco el valor de la iglesia, pero a veces las organizaciones de traducciĂ³n no lo saben y temen que la iglesia vaya a imponer su bandera, su estandarte».

DespuĂ©s de la conferencia de traducciĂ³n BiblĂ­a para Todos os Povos (La Biblia para todos los pueblos), celebrada en una iglesia de MaranhĂ£o en julio, Paolo reflexionĂ³: «La iglesia ama la traducciĂ³n, pero hay que darle un poco de contexto y enseñarle un poco. Y aprendimos de la iglesia que tiene un entusiasmo que a veces nos falta a nosotros, y que trabajar juntos es de lo que se trata todo esto».

En Guatemala, Abdiel LĂ³pez, director regional de Faith Comes by Hearing para AmĂ©rica Latina del Norte y facilitador de mesa, dijo: «La iglesia comenzĂ³ a verlo como una agradable sorpresa, porque no competimos. No nos pusimos en un pedestal. No hablamos de nuestra organizaciĂ³n, sino del trabajo que hacemos en la misiĂ³n de Dios».

«La verdad es que [antes], hablar de la traducciĂ³n de la Biblia en SudamĂ©rica era algo asĂ­ como un lenguaje muy especializado que solo las agencias de traducciĂ³n sabĂ­an hacer», dijo Javier Mayorga, coordinador del Movimiento de las Tres Olas para SudamĂ©rica. «Pero las mesas han abierto un espacio para que la iglesia nacional y la iglesia indĂ­gena aprendan sobre ello. «¿QuĂ© es un proyecto de traducciĂ³n de la Biblia y cĂ³mo pueden participar y hacerse responsables del proyecto?». Eso ha sido de gran ayuda».

Un ejemplo ha sido la colaboraciĂ³n entre iglesias de diferentes paĂ­ses para compartir datos sobre las necesidades, estrategias y avances de la traducciĂ³n de la Biblia. Los sistemas existentes, basados en el inglĂ©s, no son accesibles para muchos en AmĂ©rica Latina.

«La diferencia es que la iglesia estarĂ¡ mĂ¡s dispuesta a escuchar en un idioma y con una terminologĂ­a que le resulten comprensibles», dijo David CĂ¡rdenas, director del Ă¡rea de AmĂ©rica de la Alianza Global Wycliffe. Para AmĂ©rica Latina y AmĂ©rica del Sur, eso significa en español y portuguĂ©s, y utilizando tĂ©rminos mĂ¡s accesibles.

Parte de la colaboraciĂ³n consiste en valorar lo que cada socio tiene para aportar, ya sea experiencia, recursos o informaciĂ³n.

«Todos tienen algo que aportar», dijo Javier. «Y pueden hacerlo. Porque a veces la iglesia indĂ­gena dice: «No tenemos dĂ³lares para aportar». Pero se apropian del proyecto como si fuera suyo. Lo defienden. Y tambiĂ©n aportan materiales, transporte y movilizaciĂ³n. Eso ayuda mucho».

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